La leyenda:

Atlas tuvo tres hijas, las Hespérides: Egle, Eritia y Aretusa. Las tres vivían en la tierra más occidental del mundo, unas islas maravillosas en el Océano Atlántico, un paraíso terrenal donde el clima era benigno y donde los árboles daban manzanas de oro.
La diosa Gea había hecho brotar esas manzanas como regalo de bodas para Zeus y Hera.
Las Hespérides cultivaban el Jardín y éste era custodiado por Ladon, un fiero dragón que arrojaba fuego por sus cien cabezas.
Hércules, el héroe más grande de la antigüedad, recibió la misión de realizar doce tareas, consideradas muy difíciles y conocidas como "Los doce trabajos de Hércules". El undécimo trabajo de éste consitió en robar las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides. Las manzanas fueron entregadas a la diosa Atenea, quien las devolvió al jardín y sus jardineras, las Hespérides.
En cuanto a Ladon, el dragón guardián muerto por Atlas, sigue vivo en us hijos los árboles llamados dragos. Según la leyenda la sangre, que manaba de las herdias mortales del dragón, cayó sobre el jardín y de cada gota creció un drago.

Bienvenidos/as

El Jardín de las Hespérides es un lugar donde pretendo expresar y compartir todo lo que siento. El sitio donde desahogarme.
Un escondite a la luz.
¡Deseo que os guste!


martes, 13 de marzo de 2012

La felicidad es la certeza de no sentirse perdido.

¿Cuántas veces hemos deseado borrar un instante, un momento, un día... hasta un año entero de nuestras vidas? Borrarlo todo y vaciar nuestra memoria. ¿Cuántas veces no deseamos volver a ser niños? Vivirlo todo de nuevo, recuperar lo que se fue, o dejar que el tiempo ponga las cosas en su lugar.
Algunos simplemente no esperan nada del tiempo. Da lo mismo regresar o avanzar, simplemente renuncian a que el tiempo continúe su paso... y marchan con lágrimas en los ojos y un largo adiós.
Si deseáramos en algún momento perder completamente la memoria y apegarnos a eso de "comenzar de nuevo" ¿Cuántas cosas no perderíamos?
Serían como esas cosas que se extravían accidentalmente en una mudanza y luego se extrañan.
Se perdería el calor del primer beso, la sensación de que aquel amanecer fue perfecto, la nostalgia de amores pasados y la inocencia con la que nos entregamos a lo desconocido esa primera vez.
Quedarían atrás los amigos que iban a ser eternos, las cartas que nos hicieron llorar, la primera o, incluso la última vez que vimos a ese gran amor, los brazos más cálidos, el día que pensamos que se iba a acabar el mundo, el dolor más hermoso, la sonrisa más esperanzadora, el nacimiento del sentimiento más puro.
¿En realidad comenzamos una vida nueva? o por el contrario... ¿matamos otra llena de bellos recuerdos?
Dejamos una vida y un presente con infinitas posibilidades para soñar, por un futuro incierto, hipotéticamente perfecto que no existe, un pedazo de cielo donde no sabes qué nos espera y que jamás poseeremos.

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